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Los
niños y el divorcio
En la mayoría de los casos los hijos se sienten asustados ante la
separación de los padres y en muchos casos asumen la responsabilidad o
se culpan por ello. Es común que en la primera etapa de la separación
los niños sufran trastornos de sueño, o sientan temores, o estén
irritables, o tengan conductas regresivas , miedo al abandono de ambos
padres retraimiento e inhibición en los juegos o agresividad,
explosiones inapropiadas de rabia y sentimiento de pérdida de control.
Las reacciones de los hijos dependerán de muchos factores como ser: la
edad de los mismos, la vida que llevaban antes de la separación, las
reacciones de sus padres en el presente, los cambios, ya sean mudanzas o
limitaciones económicas, y la adaptación por parte del grupo a esta
nueva etapa.
Las consecuencias negativas en los hijos no se producen debido a la
separación en sí misma sino a la forma inadecuada y disfuncional de
vivir la separación. Por eso es importante que los padres no involucren
a sus hijos en sus conflictos. Los niños cuyos padres se separan
enfrentan emociones de pérdida frente a los cambios en su familia, con
sentimientos de tristeza, impotencia y rabia contra sus padres.
Muchos niños tratan de hacerse responsables para reconciliar a sus
padres y muchas veces se sacrifican a sí mismos en el proceso. La
pérdida traumática de uno o de ambos padres debido al divorcio puede
hacerlos vulnerables a enfermedades físicas y mentales.
Los padres deben percatarse de las señales de estrés persistentes en sus
hijos. Estas señales pueden incluir la falta de interés en la escuela,
por los amigos o aún al entretenerse. Otros indicios son el dormir muy
poco o demasiado y el ser rebeldes y argumentativos con los familiares.
Los niños deben saber que su mamá y su papá seguirán siendo siempre sus
padres.
Si ante una separación notamos grandes cambios, depresión, tristeza,
falta de interés en las actividades diarias y otros síntomas que nos
llamen poderosamente la atención tenemos la obligación como padres de
buscar ayuda profesional y tratar de encontrar soluciones que permitan
que nuestros hijos puedan superar el dolor.
Ninguno de los padres, debe dejar de lado las responsabilidades de amor
para con sus hijos, aún cuando la relación en la pareja sea totalmente
disarmónica, los más pequeños no tienen la obligación de "entender" lo
que sucede a nivel subjetivo en la relación de pareja, porque ellos no
son pareja de sus padres, ellos no tienen incorporado aún el concepto
del amor carnal, solo tienen en su haber la petición de ser queridos,
aceptados y más que nada contenidos por quienes le dieron la vida. Por
eso, antes de pensar en una separación, sea para bien de ambos, porque
"el amor se acabó" o por lo que sea, se debe pensar bien en los más
pequeños, porque ellos no son una consecuencia del matrimonio, no son
una pérdida o ganancia de ninguno de los dos cónyuges, muy por el
contrario han sido y seguirán siendo el motivo suficiente por el cual
sus padres se dignifican, y el comportamiento posterior de ambos, es lo
que en definitiva los seguirá dignificando o no.
©Miguel Angel Arcel
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