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¿Cómo nacen los bebes?
A menudo con gran dificultad, como muchas mujeres pueden atestiguar.
Pero ¿Por qué el nacimiento humano es tan dificultoso, cuando muchos
otros animales parecen tener su descendencia sin tanto esfuerzo?.
No hay ambulancia para llevar a un jirafa al hospital cuando está por
dar a luz a su cría de un metro ochenta. A pesar de su desgarabada
figura, la jirafa recién nacida se desliza fuera del cuerpo de su madre,
cae al suelo y luego tambalea sobre sus patas. No hay médicos ni
parteras que ayuden a una orangutana cuando su bebé se abre paso hacia
el mundo exterior. Todo el procedimiento parece notablemnte simple y
tranquilo. Cuando la gata se aleja para dar a luz a sus maulladores
gatitos no parece estar agobiada de dolor. Da a luz uno tras otro con
bastante eficiencia y poco alboroto.
Entonces, ¿por qué el nacimiento de un bebé se ha convertido en un
momento tan dramático y requiere supervisión médica? ¿Nuestra especie se
ha vuelto ineficiente para dar a luz. Y si es así, ¿por qué?
A menudo, se sostiene que las frecuentes angustias para dar a luz son el
resultado de que únicamente los seres humanos caminan sobre los miembros
posteriores. Esta posición bípeda produce algunas exigencias
conflictivas en la zona pélvica femenina, la cual debe ser un soporte de
locomoción vertical y un canal para dar a luz. El bebé tiene que salir a
través de un anillo de hueso que se ve, por necesidad, comprometido
entre sus dos funciones principales. Pero aunque este factor podría
provocar que el nacimiento humano fuera más difícil que el de otras
especies, no puede constituir toda la respuesta por una razón muy
simple: las mujeres primitivas no tenían clínicas prenatales, ni
hospitales, ni drogas, ni anestesia, ni obstetras para las mujeres
embarazadas. La mujer primitiva tenía que dar a luz a sus bebés en las
condiciones tribales y sin ninguna ayuda de la tecnología moderna. Así
lo hizo durante miles de años para que nuestra especie continuara. Y de
hecho, continuó en escala global.
Si las madres primitivas podían arreglarse sin ninguna ayuda
especializada, ¿por qué nosotros no podemos hacer lo mismo?
Una de las respuestas preferidas es que las madres tribales estaban
trabajando todo el día en los campos y esto fortalecía sus cuerpos y así
podían dar a luz más facilmente. Teniendo en cuenta lo bien alimentados
que estamos hoy en día y lo bien que se mantienen las mujeres, esta
explicación no parece muy persuasiva. Quizá podía aplicarse en épocas y
culturas en las que las mujeres se les prohibía realizar trabajos
físicos, pero aun así es difícil aceptarla como un factor importante.
Observando los datos que existen sobre las sociedades antiguas y las
sociedades tribales modernas de remotas partes del mundo, al parecer
existirían dos grandes diferencias entre sus alumbramientos simples y
los nuestros tan dolorosos. Estas diferencias atañen al lugar donde la
madre da a luz y a la posición que adopta. Nosotros hemos alterado estos
dos aspectos del alumbramiento y, al hacerlo, hemos creado obstáculos
forzados para un parto difícil.
Esto podría parecer extraño, pero consideremos los hechos. La madre
tribal da a luz en un lugar conocido, tranquila y ayudada por amigas de
la familia. No la llevan a un lugar extraño y hasta un poco atemorizante
para que la atiendan desconocidos. La madre moderna no está enferma,
pero la llevan a un hospital... un lugar que automáticamente se asocia
con la enfermedad y el dolor. Este traslado a un lugar desconocido que
produce angustiantes asociaciones la pone ansiosa. Conscientemente, ella
sabe que todo se hace para ayudarla, pero a un nivel más profundo,
subconsciente, experimenta la intranquilidad que todos sentimos cuando
nos acercamos a un hospital.
Esta ansiedad tiene un efecto bastante específico en la mujer, y para
comprenderlo es útil observar el comportamiento de otras hembras
preñadas. Entre los caballos, la yegua preñada es capaz de retrasar el
momento del alumbramiento hasta sentirse completamente segura. Nueve de
cada diez potrillos nacen en mitad de la noche. Esto no es un accidente,
sino el resultado del control de las contracciones por parte de las
yeguas. Esperan y esperan, hasta que están solas y todo está tranquilo.
Sólo entonces da a luz. Esto no es algo que aprenden. Es una habilidad
instintiva y ayuda a la madre en uno de los momentos más vulnerables y
privados.
Este mismo mecanismo funciona en los seres humanos. Si la madre
embarazada se siente temerosa o ansiosa, esta disposición de ánimo
automáticamente retrasa el trabajo de parto. Una sustancia química
específica (epinefrina) se libera en el organismo de la madre y tiene el
efecto de retrasar el nacimiento. La función biológica en esta
postergación es permitirle a la madre esperar un momento más tranquilo,
menos intimidatorio, antes de ser vulnerable. En condiciones primitivas,
esto tiene mucho sentido. Le ayuda a evitar peligros. Puede esperar
momentos más seguros.
Pero para la mujer moderna no constituye una ventaja. Es un fastidio. Lo
que es peor, la prolongación del alumbramiento la hace sentir más
temerosa y ansiosa y esto retrasa el proceso todavía más. Es un círculo
vicioso que provoca que muchas mujeres de hoy en día sufran períodos de
trabajo de parto más prolongados que los normales para nuestra especie.
Esto se podría evitar si la madre se sintiera completamente tranquila y
entre amigos. Cuanto menos aprensión, menos dolor. Si las madres deben
ser trasladadas a hospitales para dar a luz, por razones de higiene y
acceso a tratamientos de emergencia médica, entonces estos hospitales
deberían ser lo más conocidos y cálidos que fuera posible.
Recientemente se ha puesto de moda que el padre esté presente en el
nacimiento. Auque generalmente se dice que es un retorno a la condición
natural de la participación paterna y que la presencia del padre actúa
como un elemento de unión, la verdad es que los padres no se destacaban
particularmente en las costumbres de alumbramiento de los integrantes de
las antiguas tribus. Las amistades que brindaban apoyo casi eran
exclusivamente mujeres. Las mujeres que ya habían dado a luz, parecían
ser más tranquilizadoras que los hombres. Es probable que un padre que
espera esté más ansioso que la madre, que le transmita sus temores y así
empeore su estado de ánimo en lugar de mejorarlo. Sin embargo, en otros
casos, el padre es el único cuerpo íntimo que la mujer tiene, y en
algunas ocasiones, si él está tranquilo, puede brindarle la familiaridad
que ella necesita. Esto depende de los individuos en cada caso.
Después de esta argumentación podría concluirse que lo mejor sería dar a
luz en casa. La madre se sentiría más tranquila y el alumbramiento no se
retrasaría por las reacciones químicas internas que se producen por la
ansiedad. Esto sería verdad si el hogar fuera lo suficientemente
higiénico y si la madre tuviera a su alrededor una ayuda experta y
conocida. Sin embargo, el problema de la mujer moderna es que ha sido
tan firmemente adoctrinada en la idea de que sólo es seguro ir a un
hospital para dar a luz, que quedarse en casa podría hacerla sentir
ansiosa. Está atrapada entre dos alternativas, las cuales tienen sus
propios factores de angustia: el hospital es desconocido y clínico, la
casa carece de tecnología específica. La solución siempre debe ser
elegir el curso de acción que haga sentir a la madre más segura y
tranquila. Así no se pondrá en funcionamiento el dispositivo de
protección automático que forma parte de su sistema y el cual la hace
retener a su bebé, sin importar cuánto se esfuerce por dar a luz.
Además de encontrar el lugar adecuado para dar a luz, hay que resolver
el interrogante de la adopción de una postura correcta para el
alumbramiento. Si volvemos a observar las antiguas sociedades tribales,
es evidente que estar acostada de espalda no es la posición preferida.
En realidad, pensandolo lógicamente, es bastante ridículo, porque no se
utiliza la gravedad. En lugar de dejar caer a su bebé, a la madre se le
pide que puje y puje. Debe expulsar al infante horizontalmente.
Nuevamente, éste parece un procedimiento médico extraño que no ocurre en
una situación natural. Es como si la madre, después de haber sido
llevada a un hospital, la trataran como si realmente estuviera enferma.
Se la coloca en una cama, como a una paciente, y la atiende un equipo
médico, como si tuviera algún problema...cuando en realidad, le está
sucediendo algo maravilloso. Parecería que esta atmósfera médicamente
controlada ha sido aceptada como la norma inevitable por las madres
humanas, pero la verdad es que no es más que una tendencia moderna.
Un estudio de las posturas de alumbramiento en las sociedades antiguas y
tribales revela que la posición natural de nuestra especie para dar a
luz es en cuclillas y no en horizontal. Hasta el antiguo jeroglífico
egipcio del nacimiento muestra una mujer en cuclillas con la cabeza de
un bebé saliendo de abajo de su cuerpo. Lo mismo sucede en la antigua
Babilonia, Grecia, y los habitantes precolombinos de América Central. En
la antigua Roma utilizaban sillas especiales para dar a luz. Estas
sillas tenían asientos recortados que les permitían al bebé salir hacia
abajo, mientras la madre se sostenía de unas manijas ubicadas en la
parte delantera de los brazos de la silla. Estos dispositivos fueron muy
populares en Europa durante siglos y en algunas regiones se utilizaron
hasta comienzos del siglo XX.
Dar a luz de esta manera es más fácil, como lo sabemos por modernos y
cuidadosos estudios realizados por antropólogos en Nueva Guinea y otros
lugares. Sus observaciones de algunas sociedades tribales que todavía no
han sido ayudadas por las culturas avanzadas, muestran que permanecer en
cuclillas reduce significativamente el esfuerzo necesario para dar a luz
a un bebé. Todavía podría haber contorsiones faciales y momentos de
inevitable incomodidad e incluso de dolor, pero todo el proceso es más
rápido y más eficiente.
Necesitamos volver a aprender viejas lecciones para traer niños al
mundo. Si las madres son saludables y no hay señales de complicaciones,
haríamos bien en reconsiderar el lugar y la posición para dar a luz. El
nacimiento es un proceso natural y deberíamos darles a la biología y a
la medicina la debida consideración cuando lo planeamos.
Desmond Morris
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