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La
Ira
"Estoy todo el tiempo irritada/o con todo el mundo..." De entre todos
los malos hábitos emocionales, la cólera es uno de los más
paralizadores. Cuando damos rienda suelta a la cólera, nos olvidamos de
toda sensatez: somos ineficientes, tendemos a tomar decisiones
precipitadas, nos equivocamos. Por otra parte si reprimimos la ira
crónica, nos sentiremos como un volcán a punto de entrar en erupción.
La ira es una de las emociones que pueden producir enfermedades físicas.
Está latente, produciendo dolores de cabeza, insomnio, úlceras y muchas
otras cosas. Karen Wood describió eficazmente qué nos produce la ira en
un periódico de Princetown.
"De entre todas las emociones, la ira es la que más problemas me causa.
Se presenta como una furia ciega, que me sacude como un fuego
incontrolado, que abrasa y quema y vomita palabras agresivas y crueles
por mi boca. Grito y me contorsiono, y jadeo y digo palabras a medida
que se me ocurren. Veo mi propia saliva saltar de mis labios, y mientras
esta tempestad me sacude, parte de mí se detiene y observa disgustada.
¿Soy realmente yo esta persona que echa espumarajos por la boca?, me
pregunto asombrada desde algún lugar alejado". Esta es la ira caliente.
También existe la ira fría. Es la etiqueta que a menudo se coloca a las
personas pasivo-agresivas. El "tratamiento silencioso" es la forma más
común. Casi sin excepciones, la ira representa un fallo en la
comunicaión. No nos comunicamos con eficacia cuando bulle la ira. Pero
el peor de los fallos se produce con el tratamiento silencioso. Aquí la
comunicación queda bloqueada por completo, tan muerta como una línea de
teléfono cortada. Todos nos irritamos de vez en cuando, sea de la forma
caliente o fría. Y, seamos honestos, como Karen Wood: todos nos
estimulamos y nos disgustamos por las expresiones de cólera, o nos
complacemos en secreto librándonos de alguien por medio del tratamiento
silencioso.
La ira es también una manera clara de hacer saber a la gente que nos ha
disgustado, desilusionado o engañado. La ira puede inyectar acero en
nuestra columna vertebral cuando nos enfrentamos a nuestros miedos. Pero
la ira que se lleva como un cilicio, la ira como respuesta habitual a la
vida, destruye a las personas más rápidamente que a los objetivos de la
ira. Cuando damos rienda suelta a la furia, nos deshumanizamos,
disminuimos nuestra dignidad, ignoramos la parte razonable de nuestro
cerebro en favor de la parte impulsiva e irreflexiva. Y cometemos
errores lamentables. Pensémoslo de esta manera: ¿Admiramos a muchas
personas de mal genio? Una persona gruñona, ¿puede resultarnos agradable
por mucho tiempo?.
Penelope Russianoff
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