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La
decisión de cambiar
La reacción de muchas personas consiste en levantar las manos al cielo,
horrorizadas ante lo que podemos llamar el desastre de sus vidas, y
renunciar a cualquier intento de hacer nada. Otras se enfadan consigo
mismas o con la vida, y también abandonan la partida.
En general, piensan que si la situación es desesperada, y parece
imposible hacer cambios, ¿para qué intentarlo? Y el razonamiento
continúa así: "Quedáte cómo estás. Por lo menos es un sufrimiento que ya
sabes como manejar. No te gusta, pero ya lo conoces, y es de esperar que
las cosas no empeoren"
Para mí, el enfado habitual es como quedarse sentado en un rinción con
un sombrero de burro. ¿No les suena familiar? Sucede algo y uno se
enfada; sucede otra cosa y vuelve a enfadarse, una y otra vez, pero
nunca se va más allá del enojo.
¿De qué sirve esto? Es una reacción tonta que desperdicie uno su tiempo
sin hacer nada más que enojarse. También es negarse a ver la vida de una
manera nueva y diferente.
Sería mucho más útil preguntarse cómo es que uno va creando tantas
situaciones enojosas.
¿Cuál cree usted que es la causa de todas estas frustraciones? ¿Qué es
lo que usted emite, que genera en otros la necesidad de irritarlo? ¿Por
qué cree que necesita enojarse para conseguir lo que quiere?
Cualquier cosa que demos, la volvemos a recibir. Si lo que damos es
enojo, estamos creando situaciones que nos darán motivos de enojo, como
si nos quedáramos en un rincón con un sombrero de burro, sin ir a
ninguna parte.
Si mis palabras han hecho que usted se enfadara, ¡perfecto! Es que deben
estar dando en el blanco. Y eso es algo que usted, si quisiera, podría
cambiar.
Si realmente quiere saber hasta qué punto es terco, encare la idea de
estar dispuesto a cambiar. Todos queremos que nuestra vida cambie, que
nuestra situación mejore, pero no queremos tener que cambiar. Más bien
querríamos que cambien ellos.
Para hacer que eso suceda, debemos cambiar nosotros interiormente.
Debemos cambiar nuestra manera de pensar, nuestra manera de hablar,
nuestra manera de expresarnos. Sólo entonces se producirán los cambios
externos.
Louise Hay
Solemos enojarnos ante las cosas que nos suceden. Muchas veces creemos
que tenemos razones para dar paso a ese enojo.
Somos tercos, y la mayoría de las veces no vemos nuestros errores al
contrario creemos que actuamos bien, que no tuvimos nada que ver y que
nuestro enojo es justificado por el mal proceder de los demás.
No hacemos nada por cambiar, ni tampoco creemos que un cambio pueda
hacernos vivir mejor y sin embargo si nos detuvieramos un instante a
observar lo que sale de nosotros y en lo que genera esto en los que nos
rodean podríamos darnos cuenta que quedaron muchas cosas sin modificar,
que nos hace falta cambiar y que enojandonos solo logramos gastar de una
manera inútil energías que pueden ser utilizadas con fines más elevados
e importantes.
¿Deseamos cambiar o solo pensamos en un cambio pero no lo ejecutamos
porque nos autoconvencemos que así estamos bien?
Solo una día de nuestra vida puede ser el mejor ejemplo para poder
analizar las respuestas del entorno a nuestras reacciones:
¿Cómo reaccionan los demás cuando nosotros les hablamos? ¿Cómo nos
reciben? ¿Cómo toman nuestros enojos?
Si las respuestas no nos satisfacen, el indicador nos muestra que
tenemos que cambiar nuestra manera de pensar, de hablar y de
expresarnos.
Graciela De Filippis
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