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Angustia y sociedad

Vivimos en un mundo donde el sistema de vida tiene motivos para que podamos ser felices, pero tambien enfermedades para no serlo. Vivimos en un sistema cultural en el que prevalece la producción antes que la emoción. Este sistema es el último en una larga escalera que viene ascendiendo la humanidad, todavia faltan otros modos culturales por conocer, pero estamos todavía inmersos en el actual, por lo tanto no podemos deshacernos de sus requerimientos, de su poder absorbente y de su capacidad para modificar nuestras vidas.

Es a través de un cambio en las conciencias que todo cambiará. El proceso puede ser lento. Nadie nos aseguró nunca que todo sería fácil, pero es bueno saber que podemos mejorar y cambiar nuestro mundo desde nuestros sencillos lugares. Sea en el trabajo, en el hogar, en la escuela, en la vida misma. Todo puede cambiar para mejor si comenzamos con un simple cambio en nuestro interior.

Uno de los enemigos silenciosos que enfrenta la sociedad actual se llama "angustia". Es esa situación difícil y agobiante que recorre silenciosamente nuestros pequeños rios mentales por donde navegan nuestras ideas, nuestros sueños, nuestras esperanzas. Aunque muchas veces las personas se esfuerzan en no pensar en nada negativo, algo las lleva a caer en un estado de angustia, de tristeza y melancolía desconocida. ¿Qué es? ¿Por qué y a qué se debe?

La respuesta es simple, pero su trama es mucho más compleja de lo que pudiéramos imaginar. Podríamos remontarnos a épocas muy lejanas donde el sistema de vida era otro, y cómo a partir de la revolución industrial todo comenzó a cambiar. Hubo motivos para ser felíz, pero tambien comenzaron los motivos para no serlo.

En la búsqueda de la trascendendia y el bienestar, la sociedad se lanzó a crear un nuevo mundo, un mundo donde importara más la producción que el artesano. No importaba el linaje, sino la cantidad de obreros. Antes alguien podía hacer diez pares de zapatos en una semana, pero a partir de la revolución industrial esto cambió, se comenzó a hacer esa misma cantidad en una hora. Y ya no importaba el nombre de quien lo hacía sino que fueran iguales, cómodos, en mayor cantidad, más baratos y que más gentes los usaran. Así, se dió oportunidad para que muchas personas accedieran a bienes antes vedados a las clases populares. Esto contribuyó al crecimiento de las economías y de los mercados, porque todo era para el bien común de los pueblos, no de las clases elitistas de la sociedad. Pero... todo tiene su lado negativo tambien. Si bien las economías crecieron, tambien creció la deshumanización. Todo se anonimizó en pos del bien del capital, fuente y razón de las sociedades actuales.

Vemos en la Revolución francesa, la referencia paradigmática de la transformación en lo político y de la naciente sociedad capitalista. Luego en Inglaterra con su revolución industrial y en Alemania con su revolución del pensamiento. Allí es, en Alemania donde se constituye el escenario que da nacimiento a genios del pensamiento que reflejan verdaderos aciertos sobre el nuevo orden que se instaura en el mundo.

Comienzan a instaurarse la universalización de las relaciones del ser humano que poco a poco se irá definiendo en dos aspectos, el orden democrático y la globalización. La globalización no es otra cosa que la expresión de procesos iniciados hace algunos siglos que tiende a universalizar las relaciones humanas, ya no tiene patria ni fronteras, ello lo podemos ver en los mercados comunes que integran varios países agrupados por regiones. Llegará un momento que esos grandes grupos volverán a fusionarse creando mercados cada vez más grandes. Vivimos en la expresión de la globalización y cada vez más personas acceden a beneficios de la modernidad, pero tenemos que ser sinceros y decir que no todos están en la modernidad ni reciben esos beneficios, grandes grupos de personas que viven en sectores alejados de los grandes centros urbanos no pueden tener todavía ciertos beneficios que para el ciudadano común puede pasar como básico. En cuanto al ciudadano común que fue estrella en su momento, a comienzos de la revolución del pensamiento, ha pasado a ser un objeto de consumo dentro de la tremenda maquinaria del mercado de capitales. Todo fue realizado para un bienestar del sujeto que ahora se ve enfrentado a restricciones impuestas por las reglas del mercado. Comienza a comprender que ya no es un individuo libre de hacer o deshacer a su antojo y voluntad, pues hasta cuando va al hipermercado a comprar una simple pasta dental, se ve influenciado por las reglas que se imponen en el mercado de consumo. Ya no es el tipo libre que elige qué pasta de dientes va a comprar, es el mercado que le dice cuál es la que "tiene" que comprar. Podríamos argumentar miles de pretextos para demostrar que esto no es así, pero todos son pretextos al momento de objetivar la razón del consumo.

El individuo y sus libertades fueron en la revolución francesa, los estandartes de la misma. En el sistema democrático se expresa el individuo de manera conciente y voluntaria, ejerce sus derechos individuales sumados a los universales que fructifican en el voto, en la opinión autorizada del conjunto social.

Pero todo esto tiene una trama "ideal", la cual no siempre se corresponde con la trama "real" de las sociedades modernas. Mientras que en el plano de lo ideal se imponen ideas cada vez más contemplativas de los deseos del ser humano, en lo real sucede exactamente lo diametralmente opuesto. Es importante que un sujeto sea libre en lo ideal y es muy importante que las leyes concedan ese privilegio de ser iguales ante la ley, pero no es suficiente esa importancia porque deberíamos preguntarnos si esa trama "ideal" se corresponde verdaderamente con la trama "real" que el ser humano vive.

Cuando no existe una similitud de correspondencias entre estas dos tramas, cuando la conciencia individual comienza a vislumbrar su papel en el conjunto de la productividad y su importancia en el devenir de las desiciones, puede surgir en el sujeto un síntoma que enferma y que necesariamente remitirá a su historia familiar y social, entre lo pensado y lo actuado. El individuo, generalmente no se permite conocer esto, sino intuirlo, pues sabe que existe una situación que lo desgarra en lo real de su personalidad, pero aún así no tiene la capacidad de reconocer su dependencia del Estado, que lo viste, lo educa, lo prepara y le da la categoría de persona.

Descubrimos que no hay un solo rasgo de individuo como tal, que surja y emerja de su condición individual, sino que lo que constituyen sus rasgos individuales, no es sino, una consecuencia de una postulación de lo social que precede y determina nuestra condición de ser individual. Existe el individuo, es cierto, pero el individuo tal como se entiende en la actualidad, no es sino el producto de una estructura jurídico-política que no es individual, sino social.

Es lo social lo que determina al individuo, y lo social es la trama real donde se juega su papel, por lo tanto entre las exigencias sociales y los deseos individuales, hay una tensión constante, que si bien, para el factor productivo de las sociedades es bueno, puede en ciertos momentos crear situaciones de angustia que terminan enfermando al individuo que ya no intuye a la esperanza ni encuentra expresión a su libertad, sino que convive con la angustia de no saber quién es ni cómo modificar esos estados.

© Miguel Angel Arcel

 

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