El Valor de la Familia
"Debe ser la familia, un núcleo de amor y paz. Un
remanso fresco en el que en cualquier momento se puede
volver a empezar. Tiene sus cosas como todas los demás,
pero siempre se vuelve a donde uno aprendió a caminar"
Muchos dirán que éstas palabras están desactualizadas y
que ingenuamente se trata de rescatar valores perdidos.
Pero no es asi. Nada está perdido. Simplemente está
deformado. La familia en el mundo de hoy está deformada
por un artificial y tendencioso decantamiento de valores
que se cree o se pretende hacer creer que no funcionan.
Cuando el padre tiene el puesto que le corresponde y se
dirige al resto de los integrantes de la familia en su
función de padre, portador de una ley basada en el amor
y ese padre transmite los valores aprendidos, filtrados
y refinados a través de su experiencia a sus hijos y
demás integrantes, entonces, la familia comienza a tomar
forma nuevamente.
Cuando la madre comprende que su valor reside en la
unificación de la casa familiar y en la dulce entrega de
amor, cuando es capaz de estar aún en los peores
momentos cobijando a sus pequeños, intercambiando algo
más con su esposo sin pretender cambiar valores
familiares por ambiciones personalistas que la hacen
creer que encontrará lo que nunca nadie halló después de
nacer. El goce es particular y siempre cerrado en sí
mismo, en cambio el placer puede compartirse. Cuando se
dulcifica la ley, cuando se humaniza la realidad,
entonces la familia comienza a tomar forma nuevamente.
Cuando el hijo sabe que su posición es la del heredero y
comprende a su padre, aprende de él y lo ama
verdaderamente, cuando sabe en qué momento debe callarse
y aceptar su voluntad, cuando comprende el valor de una
reprimenda y ha aprendido a pedir perdón, cuando cuida y
ama a su madre, entonces la familia comienza a tomar
forma nuevamente.
Si en una familia se subvierten los valores y los
puestos han sido cambiados por el impulso y voluntad de
agentes externos que desde siempre intentan modificar
las conductas de la intimidad familiar para su propio
beneficio, o que por negligencia, comodidad o ambición
económica, sus integrantes han permitido que entre a la
casa una idea pseudo-moderna y basada en intereses
materiales, si el hijo quiere ocupar el lugar del padre,
la mujer quiere ocupar el lugar del marido, el padre
pierde su valor y la orientación de su vida, la hija
pretende ser adulta sin serlo, y la madre pretende gozar
de las relaciones interpersonales sin importarle su
casa, entonces... si bien la familia no está perdida
lamentablemente está deformada.
Una familia no se compone solamente porque hay un
apellido que legalmente es validado por asistir a un
registro nacional de las personas a inscribir a un
recién nacido. Una familia no es un apellido de rancia
estirpe ni adornado abolengo, ni tampoco es el producto
unívoco de una sola mujer, aún cuando la mujer haya
sufrido físicamente por ello, el hombre debe tomar
tambien conciencia del producto de su unión. Una familia
es el producto de la unificación del amor y la voluntad,
del pensamiento y la responsabilidad de ser co-creadores
en el universo y responsables ante el futuro. Una
familia es el núcleo en la que se manifiesta Dios a cada
instante, en cada gesto de los más chiquitos, en cada
desición del padre, en cada caricia de una madre. Una
familia que funciona bien hará funcionar bien al
universo entero porque constituye la fuerza motora de un
destino superior y que más allá de nuestras cuestiones y
ambiciones personales es una constante en el devenir de
las cosas.
Si una familia permite que el valor que rige a sus
integrantes sea el mismo que se permite la sociedad para
manejar la relaciones del mercado, entonces sus
integrantes se convierten en mercaderes del afecto, en
comerciantes de sus parientes. Esto significa que si una
familia permite que sus valores sean medidos en función
de la producción laboral y su estima se mida en dinero y
los compromisos familiares sean copias de contratos
sociales, entonces la familia se deformará dejando tan
solo un rastro en la vida, una leve huella que un poco
más de dinero en el futuro puede borrar.
Si una familia permite que se copien las relaciones
mercantiles para aplicarlas luego a los afectos
verdaderos y se dejan llevar por ideas que avalan tan
solo a las acciones personalistas sin tomar en cuenta a
la generalidad de la cual se ha partido, entonces cada
uno de sus integrantes cae bajo el dominio de otra
entidad mayor que no contempla los afectos porque no le
corresponde, por lo tanto no deberían luego culpar a la
sociedad porque no son comprendidos o amados, porque la
sociedad es tan solo un conjunto de relaciones regida
por la ley estatal y no por el afecto o la verdadera
fraternidad. La verdadera fraternidad, el verdadero amor
es aquel que nos permite ver al otro cuando no tenga
nada que ofrecer y aún asi lo seguiremos amando.
En una familia se ama, se vive, se sueña. En una familia
se aprende el valor de la vida y del amor. Allí se nutre
la verdadera inteligencia que conduce a la evolución
espiritual, allí se encuentra el nido, el aroma del
hogar, las eternas caricias de una madre y el abrazo
sincero de un papá. Allí están los destinos de los
hermanos y la increíble alegría que se manifiesta al
llegar. Allí los valores del mercado no deben existir.
Allí tan solo debiera estar el amor sin límites y la
férrea voluntad de crecer juntos, amarse, comprenderse y
ayudarse para que Dios pueda hacer de ella su más
querido y digno altar.
© Miguel Ángel Arcel
marc@angelred.com
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