El Juego de la Vida
El juego de la vida consiste en ingresar al cuarto de la
vida con los ojos vendados y muy olvidados de lo que
somos y de donde venimos.
Al cuarto del juego de la vida entramos por la puerta
del nacimiento y dentro del cuarto jugamos un cierto
tiempo que no sabemos cuanto es. En este tiempo debemos
recoger ciertos trofeos que vinimos a buscar. El juego
termina cuando nos topamos con la puerta de la muerte
por la cual salimos del cuarto regresando donde
estábamos antes de entrar.
Cuando entramos al cuarto del juego de la vida lo
hacemos gateando pues tenemos miedo e inseguridad,
estamos privados de la vista y no recordamos que no
tenemos nada que temer, ni siquiera sabemos a que
estamos jugando. Andando a tientas por el cuarto,
tropezamos con muchas cosas que no sabemos bien si son
buenas o malas, si debemos recogerlas o descartarlas, si
son premios o castigos. Algunas cosas nos lastiman,
otras nos reconfortan, otras nos engañan, otras nos
ayudan, pero todas están allí por alguna razón.
Por eso debemos aguzar nuestros sentidos e intuición,
debemos aprender a conocer lo que realmente nos conviene
y lo que no, tocando, oliendo, saboreando, primero con
cuidado y luego con mas confianza. A veces encontraremos
cosas que al principio parecen desagradables y ásperas
pero luego al reconocerlas mejor puede que encontremos
su lado bueno y sean en realidad trofeos que podemos
llevar con nosotros.
Pero debemos elegir los objetos con sumo cuidado, pues
pueden engañarnos, solo lo que realmente valga debemos
cargar y lo que no tenga real valor debemos descartarlo.
No debemos engañarnos con suaves texturas y dulzones
olores, aguzando nuestros sentidos e intuición
descubriremos que realmente hay en el interior de cada
objeto, discernir su esencia nos permitirá saber con
seguridad si debemos alejarlo o guardarlo muy dentro
nuestro. Cada cosa que encontremos en nuestro deambular
por el cuarto de la vida esta allí con un propósito,
para enseñarnos algo, para hacernos mejorar, solo
debemos descubrir su secreto.
A menudo, dentro del cuarto nos toparemos con otros
participantes mas o menos desorientados como nosotros, a
los que podemos ayudar en sus elecciones y compartir lo
que hemos aprendido, ya que este es un juego personal y
no hay ninguna competencia entre participantes. También
podemos dejarnos ayudar por ellos, ambas actitudes serán
también buenos trofeos que podremos llevarnos.
También debemos estar atentos a los susurros que nos
llegan desde el exterior, pues el cuarto del juego de la
vida esta rodado de cuartos de mucha luz, donde otros
participantes que ya han jugado varias veces descansan o
comentan con alegría sus puntuaciones y logros, o
programan tal vez su próximo juego, y a veces gritan
tanto que podemos llegar a oír algo de lo que dicen y
eso también puede ayudarnos.
A veces algo de luz puede filtrarse por la venda que
cubre nuestros ojos, dada la mucha luminosidad que nos
rodea y no percibimos mientras estamos cegados en la
vida, aprovechemos estos destellos para vislumbrar algo
del camino y mejorar nuestras elecciones.
A veces entran al cuarto algunos guías, experimentados
participantes que tienen muy claro en que consiste el
juego, que han jugado muchas veces y batido records de
trofeos. Ellos entran al cuarto no para jugar sino para
ayudar a los participantes, para orientarnos en alguna
elección difícil, para que nos acerquemos al trofeo que
mas nos hace falta, o para consolarnos si talvez nos
hemos golpeado por estar ciegos y equivocar el camino.
Estos guías a veces nos aconsejan susurrándonos al oído,
a veces toman nuestras manos y nos apuntan hacia donde
debemos ir si nos encuentran muy desorientados, pero
siempre dejan que caminemos solos, ya que el juego de la
vida es muy personal y solo de nosotros, de nuestro
compromiso y dedicación dependerá su resultado final.
El juego de la vida termina cuando finalmente nos
topamos con la puerta de salida, y la atravesamos
llevándonos los trofeos recogidos. Los otros
participantes que nos esperan al otro lado nos sacan la
venda, y recuperamos la vista y la memoria cuando la luz
de afuera del cuarto inunda nuestros ojos.
Ya podemos festejar nuestros logros con una buena
fiesta. Nuestros amigos nos felicitan por haber jugado
una vez mas y juntos hacemos un recuento de lo que hemos
recolectado y aprendido, y planeamos talvez intentar
nuevamente.
Hay muchos cuartos de juego de la vida, con distintos
grados de dificultad y variadas colecciones de trofeos,
cada uno adecuado para que los participantes elijan de
acuerdo a su destreza, experiencia y logros específicos
que deseen alcanzar.
A pesar de ser muchos, los cuartos de juego de la vida
ocupan solo una pequeña ala dentro del magnífico palacio
que es la casa de Dios, pleno de grandes y luminosos
salones profusamente decorados donde los participantes
podemos festejar nuestros logros, cómodas y acogedoras
habitaciones donde podemos descansar, extensos y
exuberantes jardines por donde podemos pasear y otras
innumerables maravillas que hemos olvidado mientras
estamos en pleno juego de la vida.
Juguemos pues el juego de la vida con compromiso y
dedicación, recogiendo los magníficos trofeos que se nos
ofrecen, como son el amor incondicional y universal, la
compasión, la piedad, la generosidad, la paciencia, la
bondad, la humildad y otras tantas virtudes. Descartemos
de nuestra elección todo lo que nos hará perder en el
juego, como son el odio, la maldad, la intolerancia, la
envidia, el egoísmo y muchas otras actitudes que debemos
definitivamente descartar. Ayudemos y dejémonos ayudar
por nuestros semejantes, escuchemos a nuestros guías y
las voces que nos llegan desde afuera y susurran en
nuestra alma. Y cuando encontremos puertas,
atravesémoslas con confianza, no hay nada que temer,
siempre estaremos nada mas y nada menos que en la casa
de Dios.
"Yo se que estas en mi y que el destino es como el mar,
un horizonte azul y la ilusión de navegar. Un día
llegaré desde la orilla hasta el final, por siempre
viviré con los que aman de verdad"
Dios esta entre nosotros
Jorge Alberto Dini
Mar del plata - Argentina
picis2007@yahoo.com
Galería de los Angeles
Poetas