La Historia de Mixa y Bae
de Miguel Angel Arcel
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-A ti no
te importa, pero por si acaso te diré que muchas almas
no pueden completar sus tiempos en los loys, porque son
rechazados o porque tuvieron accidentes que salieron de
sus cuerpos o por cualquier motivo en los que se haya
interrumpido su trabajo vivencial en los loys.
¿Comprendiste?
-Creo que sí. -dijo Mixa sin mucho convencimiento.
-Bueno, te aconsejo que te retires de este lugar y vayas
a tu morada ahora mismo.
-Sí, sí, ya me iba....Adiós Raziel.
-Adiós -le respondió el Arcángel mientras levantaba una
vara indicando continuar con las procesiones de las
aguas del río cósmico.
Mixa se retiraba raudamente por entre la neblina que
circundaba el lugar hasta llegar a un claro desde donde
se podía ver a Mangsaba brillando cerca de allí.
Entró a su morada y se dedicó a cultivar su pensamiento
con ejercicios simples que tenía encomendado desde hacía
tiempo y no los hacía por pereza.
Así pasaron pequeños ciclos conocidos en los loys como
sucesiones de días, solo que allí eran como latidos de
la luz, hasta que llegó el instante en que supo que Bae
tendría que irse en ese mismo momento.
-¡Bae! exclamó- tengo que ir con él.
Salió rápidamente de los límites de su morada y se
reunió con un grupo de espíritus jóvenes que le dieron
la bienvenida.
-No, gracias, hoy no quiero jugar, necesito ir con Bae.
-¿Con Bae?, preguntó el pequeño Anael- ¿Para qué?
-Sí, sí, con Bae, ¿lo has visto?
-Por supuesto, está cerca del Avistón junto a una
comitiva muy elegante de Arcángeles y Principados,
también he visto a muchísimos ángeles que irán con él,
supongo que no irán todos juntos ¿no?.
El Avistón era el punto de partida de los espíritus que
se despedían de Mangsaba en compañía de sus maestros.
Estaba sobre una enorme plataforma circular de color
plata rodeada de un muro de luz dorada impenetrable pero
visible desde la distancia. Desde allí se fijaba el loy
al que irían y se ajustaba el tiempo en que llegarían,
podía ser en cualquier tiempo de los tiempos que vivían
los loys. Se podía ir desde allí a determinado año o a
cualquier punto de la Gran Rueda de los Tiempos si así
lo deseaban. Una enorme columna de luz emergía de algún
lugar del infinito y se proyectaba sobre los cielos
abismales. Por ese sendero vertical debían pasar los
espíritus de los ángeles hasta llegar hasta una salida
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